¿Qué similitudes y diferencias existen entre los muertos los Nfumbis, los espíritus y el Muñanga?

clip_image0021Por. James Figarola.

 

Ampliaciones y precisiones posibles a parte, adelantemos algunas referencias. Sin menos cabo de lo  dicho con alguna anterioridad, el espíritu es la porción trascendente de Inzambi depositada en cada cual; es la capacidad de la autoconciencia plena y de la comunicación con lo superior, capacidad que se resuelve a saltos, en ocasiones, de manera inesperada, súbita y extraordinaria, al mismo tiempo pequeñez e intensidad. Pero el espíritu así visto al morir la parte temporal de materialidad que Inzambi ha otorgado a cada cual, se mantiene vivo en el ámbito de lo conjurable o convocable. Por esto puede el tata establecer comunicación con ellos en el momento que lo desee ya través de ceremonias convencionales dentro de la regla. Estos espíritus, no está de más puntualizarlo, puede posesionarse de los practicantes con quienes se familiarizan y estas posesiones son muy parecidas a los de los Mpungos.

Pero existen también espíritus materialmente increados, que nunca han tenido vida en lo temporal ni corporeidad humana, animal o vegetal alguna. Son como emanaciones de Inzambi  que se mantienen como formulaciones de cualidad;  podríamos acercarnos a ellas en un esfuerzo de definición si las entendemos como espíritus de las sensaciones los sentimientos, y las emociones; espíritus de la alegría, la tristeza, el amor, el odio, la esperanza, el valor. Espíritus, en fin de las calificaciones y las virtudes y defectos.

No pueden confundirse con los Mpungos; en todo caso se aproximan a estados de ánimo tipos, a pre-formulaciones del inconsciente humano tanto si lo entendemos en el ámbito individual como en su alcance colectivo. Estos espíritus serian los caudales nutrientes de los espíritus particulares de la multitud de mortales y por esta razón se ajuntan los mecanismos de comunicación entre uno y otros, mecanismos que se resuelven siempre para los practicantes en estados de contemplación mística y  ensimismamiento. Con estos espíritus no se conversa ni ellos hablan;  simplemente se registran, se sienten, y se manifiestan en la totalidad síquica y física del practicante con el que entran en vinculación. Muchas veces los propios practicantes no son consientes de la presencia e influencia de estos de estas entidades. No creo presumible que estas variantes espirituales estén destinadas a cobrar corporeidad en algún momento. Me inclino a pensar, más bien, que se sostiene en el plano descrito como garantía de universo psicológico de la humanidad.

Existen otras entidades susceptibles de ser asimiladas a la categoría de espíritu. Estas son las que muchos practicantes denominan como elementales, que serian también seres increados materialmente pero que son, pero como convencionalmente se les llama de baja elevación.

Resultan ser sujetos que conviven con los vivos y en el mundo y en el mundo de los vivos, realizando en ese espacio constantemente travesuras sin ningún destino ni tarea de vida concertada. La comunicación de los mortales con ellos es totalmente imposible, simplemente los iniciados sienten su presencia, registran y reconocen sus artimañas y zancadillas sin poder defenderse de ellas, solo desconocerlas. Algunos practicantes afirman que pueden ser vistos si se les procura observar mirando al soslayo, con el rabillo de los ojos como vulgarmente se dice.

Los muertos son simplemente los restos físicos de los mortales depositados en la fosa luego de fallecidos, de los cuales se han desprendido todos los componentes de espiritualidad que pudieran tener en vida.  El nfumbi es el propio muerto pero con el cual el palero ya ha pactado, de lo que se infiere que el acto de pactar posee la facultad de devolver al muerto a cierta forma de vida, la vida en las honduras del caldero, lo mismo si el nfumbi, en virtud del pacto en cuestión, posee la jerarquía de “perro de prenda” , decir de nfumbi principal  de ocupante permanente del caldero o es un simple “Muerto de labor” un nfumbi con el que sea realizado un pacto restringido se le ha devuelto a la vida para algún trabajo concreto, tras el cual se mantiene dentro del caldero o en las proximidades del mismo, como dormido pero potencialmente acto, en espera de un nuevo llamado del tata. La comunicación con los Nfumbis, de uno u otro tipo. Admite el castigo por parte del tata cuando este considera que algún extremo del pacto no ha sido adecuadamente cumplido; el castigo puede ser en forma de azotes, de dar de comer cosas desagradables al nfumbi, por medio del fuego, o simplemente tapando la nganga con un paño negro para privar al incumplidor, durante algún tiempo de luz.

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