LA MAGICA DEL MAIZ EN LA REGLA OCHA O SANTERIA

1001085_606145812771502_1022518516_nA partir de los inicios del siglo XVI comenzaron a llegar a Cuba esclavos
procedentes primero, de la Española y después de diferentes regiones del
Africa Occidental, como sustitutos de la diezmada población indígena cubana.
De sus territorios de procedencia trajeron sus creencias, costumbres y
tradiciones las cuales se fueron enriqueciendo a medida que se establecía un
intercambio con las dos culturas que le antecedieron: la autóctona y la
española; de la primera, los esclavos tomaron varias tradiciones según Sabina
(1992), citada por Fariñas (1995), “…el uso que en ambas culturas le ha dado a
elementos vivos como las plantas, e inanimados como piedras y caracoles…” y
de la segunda la adopción de elementos de la religión católica, que algunas
etnias adaptaron a sus religiones.
A mediados del siglo XVIII y gran parte del siglo XIX llegaron a nuestras costas
grandes cantidades de esclavos yoruba procedentes de la región suroeste de la
actual Nigeria, parte del antiguo Dahomey y también de la actual República de
Togo, pueblo que se poseía una desarrollada cultura ancestral, en su penoso
viaje como único equipaje trajeron sus tradiciones, el recuerdo de sus lejanas
tierras, sus creencias religiosas en las que se refugiaron y por este medio,
además de venerar a sus deidades revivieron sus costumbres, su música, sus
danzas e idioma, los cuales, a través del tiempo, conservaron y legaron a las
generaciones posteriores, la que hoy forma parte de nuestra cultura nacional.
A la llegada de los yorubas a Cuba, sus creencias sufrieron ciertas alteraciones
debido a la religión impuesta por los esclavistas practicantes de un catolicismo
al estilo español. Los los esclavos se vieron obligados a simultanear sus cultos
con el imperante en la colonia. Producto de este ” sincretismo” se establecieron
nuevas valoraciones, produciéndose un complejo religioso llamado Regla Ocha
o Santería, definido por Bolívar (1997), “…como el culto a los fundamentos
-asientos de sagradas deidades de las que son dueños absolutos- y también a
las fuerzas de la Naturaleza y a sus poderes mágicos en sus ewes o en sus
aguas, materializados mediante ritos esotéricos que la determinan y a la vez la
distinguen entre ellas”.
Para los creyentes de la Regla Ocha o Santería, las plantas – ewes – tienen una
influencia vital, las que actúan con asombrosa determinación en la vida
espiritual de los creyentes. Son consideradas como verdaderas fuentes de vida
por las fuerzas sobrenaturales que de ellas emanan, representadas por su
oricha mayor, Osaín, dueño absoluto de la vegetación terrestre, botánico por
excelencia.
Por lo antes expuesto, no es de extrañar que los yorubas, sagaces
observadores de todo lo que les rodeaba, especialmente de la Naturaleza,
pudieran advertir los beneficios que el cultivo del maíz les brindaba en su vida
cotidiana, dándole un lugar simbólico en su religión.
En entrevistas realizadas de forma independiente a un grupo de santeros, con
no menos de cinco años en la religión, y pertenecientes a diferentes familias y
tradiciones religiosas. Estuvieron todos de acuerdo en que “el maíz es tan
mágico que pertenece a todos los santos,” se utiliza en todas las ceremonias
porque es benefactor, da desenvolvimiento, prosperidad, en fin, atrae sólo
cosas buenas.
Estas propiedades simbólicas adjudicadas al maíz por los creyentes de esta
expresión religiosa, ha sido transmitida de generación a generación por sus
mayores en religión, imaginados y elaborados por los esclavos en simple
asociación con el desarrollo biológico de la planta, y por sus importantes usos,
que tanto beneficios les diera en su infortunio.
En su conocido libro El Monte, Cabrera (1993) coincide con lo antes expuesto
por los santeros en que el maíz “pertenece a todos los santos,” y explica que
sus nombres tradicionales son agguáddo, abáddo, oká y que además, en congo
es masango; las mazorcas asadas se le ofrecen a Babalú-ayé, los granos
tostados a Eleggúa, Oggún y Oshosi. Cortadas las mazorca en varios trozos, a
Oshún y Yemayá. Finado a Obatalá y a los Ibeyi, especialmente”.
Ahora bien, en relación con la preferencia del maíz por un oricha determinado,
algunos creyentes se lo adjudican a Elegguá o a Babalú-ayé, otros a Shangó y a
Oricha Oko. Lo que sí es frecuente oir es que el maíz se le ofrece al santo
cuando éste lo indique ya sea en ebbó o en addimú, entre otros.
El maíz para los creyentes es tan mágico, que para entrar a los lugares
sagrados como el monte y el cementerio hay que dejar una ofrenda entre sus
componentes se encuentra el maíz que es indispensable, además en algunas
ocasiones se utiliza como sustituto del dinero.
En cuanto a los ebbó y las ofrendas, se realizan de acuerdo a los oddúnes que
hayan salido después de consultar a uno de los sistemas de adivinación de la
Regla Ocha o Santería, – el Diloggún o a Ifá -, cada uno de los cuales tienen
letras que indican, entre otras cosas, los santos que rigen en ellas, las
recomendaciones, prohibiciones, ebbó, ofrendas, plantas, frutas y comidas. Si
observamos cada uno de los signos, el maíz está presente con mucha
frecuencia en una o varias de las recomendaciones, principalmente en los
ebbós, ofrendas y comidas, en general siempre para bien.
Según los creyentes los ebbós que contienen maíz se realizan sobre todo
cuando falta el dinero; la harina y la paja de esta gramínea regada por los
rincones de la casa trae el dinero, también para purificar la casa y alejar todo lo
malo entre otras formas de limpiezas.
No es de extrañar que al llegar a una casa templo frente a algún fundamento
de un oricha, se halla un recipiente con agua y rueditas de maíz, de acuerdo al
número que le corresponda al santo que se ha invocado. Por lo general es
Yemayá, por lo que serían siete rueditas. Esto se realiza para solicitar
desenvolvimiento en la vida por una situación determinada del creyente. Se
cree que al germinar estos granos en ese medio húmedo, y a medida que van
creciendo las plántulas, los problemas se van resolviendo.
Las ofrendas conocidas como addimú son brindadas a los santos o a los
muertos. Puede ser que hayan sido indicadas por los orichas, mediante uno de
los sistemas de adivinación o por inspiración del creyente, en agradecimiento
por un favor obtenido o para agradarlos. Estas pueden ser de frutas o de
comidas preferidas de algún santo. Algunas de ellas se confeccionan con maíz,
por ejemplo el amalá que se le brinda a Shangó; el ekó puede ser solicitado por
todos los santos, las rositas de maíz agradan a Obatalá y a los Ibeyi, a Obba le
satisface la harina con quimbombó y unos queques que se realizan con este
cereal.
En las fiestas de cumpleaños de santo es tradición ofrecer a los orichas y
después a los asistentes dulces caseros. Entre ellos se encuentra la harina
dulce, según los creyentes muy gustada por Oshún. Después que se ha
terminado la actividad el resto que ha quedado de la harina dulce se lleva al
conten de la calle y a cuatro esquina en homenaje a Eshú. Estos son algunos
ejemplos sobre las ofrendas que se brindan por los practicantes a sus
respetados orichas.
Otra forma en que aparece el maíz con un contenido ritual es en la confección
de bebidas que se utilizan en determinadas ceremonias como el saraekó,
necesaria en el cuarto día de la semana del Asiento de Santo; el chequeté que
se le atribuye a Oggún y el otí, muy gustado por Elegguá según la tradición
religiosa.
De las ceremonias de la Regla Ocha o Santería, dentro de las llamadas
compromisorias, la de Iniciación o Asiento reviste gran importancia en la
vida del creyente, porque es en ese momento cuando el iniciado Yawó o
Iyawó recibe el santo que va a regir su vida en lo adelante. Esta compleja
ceremonia se realiza durante siete días, culmina con el nacimiento del creyente
en la religión y como miembro de su nueva familia en santo.
En esta ceremonia se realizan varios ritos, entre ellos el ebbó de entrada que
lleva entre sus componentes maíz tostado y ekó, al igual que la rogación inicial
de cabeza, pero sólo ésta lleva el grano tostado, y por supuesto otras
sustancias en ambos casos. Estas actividades se realizan con la intención de
que el iniciado llegue “limpio” del mundo profano en que vivía y fresca su
cabeza, para el momento en que reciba su santo tutelar.
Una preparación que reviste misticismo, por la importancia que tiene durante
la ceremonia de asiento, es la preparación del aché del asiento, donde el maíz
está presente. En la realización de los fundamentos de las deidades que se van
a recibir en particular la de los guereros – Egguá, Oggún, y Ochosi -, son
importantes los granos de maíz tostado. Otras ceremonias, como la del
cuchillo, lleva este cereal de la misma forma. El ekó, una de las comidas que se
presenta a los orichas, es necesario mostrarlo a los santos en pedazos según el
número que le corresponda a cada santo.
Uno de los ritos más interesantes es el que se practica al amanecer del día del
Itá, al que le llaman”SARAEKO NANGALE” otras familias en santo la realizan
más tarde, y consiste en preparar una bebida con ekó y otros productos a la
que llaman dengué. Esta actividad se lleva a cabo después de un sacrificio
importante. Su objetivo es saludar y dar las gracias al sol, es decir a Olorun y a
Olordumare, por el día que comienza y el buen desarrollo de la ceremonia.
El último día el iniciado en la religión, rinde tributo entre otros, a Elegguá, en
una Plaza, lleva cuatro paqueticos, el que contiene además maíz tostado el que
deja en las cuatro esquinas de ese lugar, aunque Oyá es dueña de la Plaza su
guardiero es Elegguá por lo que hay que halagarlo, según expresan los
creyentes. Cuando el novato regresa al igbodú lleva un presente para cada uno
de sus dioses que recibió en su iniciación. Para Shangó en especial, trae entre
otras cosas harina de maíz.
De regreso a su nuevo hogar, el último ebbó que le raliza su padrino en santo
para culminar la semana de iniciación, lleva también maíz dentro de sus
componentes. Como podemos observar en esta ceremonia de particular
importancia en la Regla Ocha y en especial para el que se va iniciar en la
religión, se utiliza maíz, el que como se ha visto se emplea con mucha
frecuencia.
Otra ceremonia que reviste importancia en la Regla Ocha, la cual es
impredecible, lo constituye la del Ituto o Apaciguamiento. Este es un rito
funerario que se realiza al creyente que ha fallecido, por lo que hay que
despedir y refrescar a ese hijo de santo que va al mundo de los espíritus,
preocupación de todos los creyentes de esta expresión religiosa, máxime
porque una de las de las creencias es el respeto y veneración a los espiritus de
sus antepasados, al que le confieren poderes sobrenaturales. Una de las fases
de este momento es la preparación de la jícara que acompañará al difunto a su
última morada, dentro de la que se colocará entre otras cosas maíz tostado y
paja de maíz el que puede ir dentro del féretro o llevarlo antes al reino de
Yansá (cementerio) y echarlo en la fosa previo a la llegada del cadáver. La
ceremonia no termina en ese momento, a los nueve días se vuelve a reunir la
familia en santo, al igual que al año del fallecimiento, llamado éste último
“Levantamiento del Plato,” donde ya sí termina el vínculo del muerto con todos
sus derechos sobre sus propiedades terrenales. En esta actividad se realizan
varios ritos, entre ellos un ebbó en el que uno de sus componente es el maíz
tostado y un almuerzo donde también se incluye, es posible que algunas
familias religiosas preparen harina de maíz dulce como complemento de esta
solemne cceremonia.
En esta ponencia hemos tomado como ejemplo dos ceremonias que revisten
particular importancia en la Regla Ocha: la de Iniciación y la de Ituto, donde se
inicia y se finaliza la vida en la religión, de gran valor simbólico para los
creyentes. Estas no son las únicas ceremonias en las cuales se utiliza el maíz
como elemento importante de su liturgia.

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