Las hierbas y sus propiedades

603090_464531296979238_1341494416_nLas hierbas son símbolo de todo lo curativo y revivificante. Para los cristianos las hierbas medicinales debían su eficacia al hecho de haber sido halladas por primera vez sobre el monte del Calvario, para otros religiosos, las hierbas debían sus virtudes y propiedades curativas a que los dioses la habían descubierto por primera vez.1-

Para el religioso cubano de origen africano:
El monte es sagrado. Los santos están más en el Monte que en el Cielo[2]
En su conocido libro “El Monte”, la antropóloga cubana Lydia Cabrera recoge la opinión de Sandoval, uno de los más prestigiosos osainistas cubanos:
Somos hijos del monte porque la vida empezó allí, los santos nacen del monte y nuestra religión también nace del Monte… Nosotros los negros vamos al Monte como si fuésemos a una iglesia. En los montes cubanos, como en las selvas africanas, habitan las mismas deidades y los mismos espíritus poderosos y cada hierba o árbol es regido por una o varias
deidades.
A continuación les brindaremos algunas plantas :

Artemisa: (Artemisia vulgaris, L.):
Su nombre está dedicado a la diosa Artemisa.

En Cuba popularmente le rezan a la Artemisa la siguiente plegaria:

Alta tú eres,
4Y como alta eres,
Dame tus poderes.
Misa se dice
Te tengo en mi altar
Para que me liberes de todo mal.

Para los esclavos y sus descendientes, los orishas dueños de esta planta son: Osain, Obatalá (orisha dueño de las cabezas) y San Lázaro (protector contra las enfermedades)
La Artemisa era usada desde el siglo XVIII por los religiosos seguidores de la Regla de Ocha o Santería y los de las Reglas de Palo Monte. Entre sus propiedades se encuentran la de: estimulante, tónica, antiespamódica y antiparasitaria. Su raíz y ramas eran usadas en despojos contra las malas influencias y también en fricciones para combatir el reumatismo y en muchos casos para bajar las fiebres contagiosas. Con la Artemisa elaboran un cocimiento para tomar como agua
común el cual alivia los dolores causados por el ataque de apendicitis. En las viejas libretas de santeros encontramos anotado que el jugo extraído de su raíz, ligado con buen vino es un medicamento muy eficaz para las personas que padecen del corazón.
La tradición oral cuenta que la Artemisa es usada para espantar el miedo y así lo narra un viejo adepto:

Cuando alguien tiene que cumplir un encargo riesgoso o un deber que le atemoriza, como vestir a un muerto, o sencillamente atravesar las tapias del cementerio de noche, se colocan unas hojas de Artemisa sobre el pecho y éstas lo
envalentonan. Como en Cuba, la Artemisa en Asturias es conocida popularmente como emenagoga y abortiva.
En las Reglas de Palo se le llama a la Artemisa: Dioké y en la Regla de Ocha o Santería: Liniddi .

Ajo: (Allium sativum, L.)-
5Etimológicamente, el nombre genérico viene del celta All, “calor”, aludiendo a las propiedades del ajo. En Cuba popularmente le rezan al Ajo la siguiente oración[3]:

Milagroso ajo, que fuiste puesto en el monte Calvario
Donde Jesús murió para darte la luz eterna y librarnos de todo mal Líbrame de cárceles y demonio, cuando mis enemigos
Intenten matarme o herirme
Que sus ojos no me vean,
Que sus pies no me alcancen
Que sus manos no me agarren
Que las armas de fuego no me disparen
Que los cuchillos se desvíen
Que el mal no me persiga
Ajo de la bondad, retírame envidias, enemigos
Asegúrame el cariño de los que me rodean
Ayúdame en mi soledad
Así Sea.

A Trinidad, pueblo azucarero cubano situado en la región central del país, arribaron una gran cantidad de esclavos de origen congo durante el siglo XIX. Cuenta la leyenda que por entonces corría de boca en boca, que las hechiceras practicantes de la Reglas de Palo se ponían un ajo debajo del brazo y salían volando, tocando un tamborcito para anunciar su presencia en las fiestas o bembés que se celebraban en las montañas cercanas. Antiguamente su infusión se empleó en Cuba contra el Cólera, la sarna, la tiña y los cayos. Las jóvenes cubanas que conocen los secretos del Ajo, lo llevan atravesado por un ganchillo y escondido entre sus cabellos, pues con ello evitan el Mal de Ojos. Para los canarios, como en Cuba, la ristra de ajo tiene la virtud de acabar con todo lo malo y para que no falte el dinero en la casa “se queman cáscaras de ajo en las hornillas de la cocina”.
En Asturias se emplea como antiséptico, diurético yvermífugo. Dicen los viejos descendientes de esclavos: “El ajo es cura-todo”. Podemos resumir que el ajo es diurético, expectorante en cataplasmas, 6desinfectante en sahumerios y muy bueno contra los parásitos y según un viejo osainista Evita la congestión cerebral, hace desaparecer las palpitaciones y su jugo se utiliza contra el dolor de las picadas de alacranes. El Ajo es empleado por los practicantes de las Reglas de Palo para domesticar a los majás, guardianes de sus prendas o ngangas. Sus nombres en la Regla de Palo son: Ndundo, Kualango, Dianputo, entre otros y en la Regla de Ocha los santeros la chiquean en lengua Yoruba llamándola Jokojo Eweco.

Ruda: (Ruta chalepensis, L.)
En su libro “Plantas Medicinales y Venenosas”, los autores Matías Mayor y Ángel Álvarez, apuntan:

La Ruda es una de las plantas medicinales más conocidas desde tiempos inmemoriales, y pocas las enfermedades que no se curaban con ella. Por su fama de antiafrodisíaco era recomendada a los religiosos, que solían plantarla en los
claustro de sus monasterios. En Cuba, el pueblo le atribuye propiedades maravillosas para alejar las malas influencias. Es muy recomendable tener sembrado en los jardines una mata de Ruda, pues no permite que entren a la casa espíritus malignos. Se recomienda no darle a nadie una hoja de Ruda ni tocarla la mata en días viernes. La Ruda es una planta mediterránea. En Cuba se emplea como tónico del útero y
abortivo, es estimulante de los intestinos y de los órganos genitales, y además es muy eficaz para aliviar los dolores de oídos. La Ruda es el peor enemigo de los practicantes de las Reglas de Palo, pues los viejos decían: “Mata que mata brujo”. En la Regla de Ocha o Santería se conoce con el nombre de Atopá Kun y su dueño es Changó.

Romero: (Rosmarinus officinalis, L.)

Romero bendito
De Dios consagrado
Que fuiste nacido
7Y no sembrado.
Por la virtud
Que Dios te ha dado
Haz que entre lo bueno
Y salga lo malo.

Su nombre científico Rosmarinus significa “Rosa de Mar”. Su dueña es Yemayá, Madre Universal, dueña del mar; aunque otros santeros lo colocan como ofrecimiento a Babalú Ayé, orisha protector de las enfermedades. A las mujeres embarazadas, a la hora de gestar, se les suministra un cocimiento de Romero para aliviar los dolores del parto, mientras se lee la oración de San Ramón.
Algunos santeros opinan que el Romero posee en su aroma una virtud que no
debe revelarse. En Cuba se utiliza el Romero, en fricciones con alcohol, contra el reumatismo y el dolor de cabeza. Es eficaz contra el asma, la gripe y cualquier afección del sistema nervioso. En maceración con Ginebra se le estima como un gran remedio contra el insomnio.
Como cosmético, el zumo del Romero es empleado contra la caída del cabello y como embellecedor de éste pues le da un color negro intenso y brillante. En la Regla de Ocha le llaman Ewe Re y en la Sociedad Secreta Abakuá es conocido con el nombre de Ifán Mkere. En Asturias las hojas cuentan con numerosas aplicaciones, usándose como estimulante nervioso, colagogo y emenagogo, pero en cantidades elevadas puede irritar el aparato digestivo y los riñones. También las hojas reducidas a polvo y mezcladas con aceite se utilizan como vulnerarias. Sus ramitas floridas, el día de
Ramos (Semana Santa) se llevan a las iglesias juntamente con el laurel formando ramos, lo más hermosos posibles .

Maiz: (Zea mays, L.)
Este humo es mío,
Es el humo blanco
Estas flores son mías, blancas,
Porque la luna es blanca
Porque es maíz es blanco:
Es candela blanca, El maíz
Y es humo
Ahora te estoy encantando, pero no me ves
8Porque mi vestido es blanco
Y el maíz es candela blanca.

El maíz es una de las plantas más antiguas producidas por los indios de la América, y su uso fue integrado como alimento a los esclavos que le dieron la parte mágica de esta planta.
La tradición oral cuenta que había un hombre llamado Ikú (la muerte) que era muy pero muy egoísta. Entre sus riquezas estaban plantaciones de maíz, la que amontonaba en lomas. Un día Tere, el ratón se encontraba escuálido de hambre y
le suplicó a Ikú que le regalara unos granos, diciéndole: “Hoy yo no he comido” (emi oyeun lo omi). A lo que Ikú, con voz gangosa le contestó: “Pues yo comí” (Emi koye Emikoye). Dando media vuelta sin darle siquiera un grano de maíz.
Olobó, el gato que estaba en la misma situación de hambre que Tere, alargó sus patas para suplicarle a Ikú y éste se rió.
Pero Elegguá que todo lo ve, irrumpió con fuerzas y tumbó al suelo a Ikú, derramando así la pila de maíz y salvando del hambre a los necesitados. Por eso la tradición popular le ofrece a Elegguá, orisha dueño de los destinos, granos de maíz tostados para que ayude a desenvolvimiento del hombre. La etnóloga cubana Lydia Cabrera dice en su monumental obra “El Monte”: Si el maíz nace espontáneamente en el patio o jardín de alguna casa, o brota entre las juntas de dos baldosas, quienes la habitan no tardan en experimentar los efectos de una prosperidad inesperada. El maíz pertenece a todos los orishas, pero se les ofrece principalmente a: Babalú
Ayé para alejar las enfermedades, Elegguá (dueño de los destinos), Oggún (dueño de los minerales), Ochosi (de la injusticia), Ochún (del amor), Yemayá (de las aguas), Obatalá (de las cabezas) y a los Ibeyis (los mellizos divinos).
En la Regla de Ocha o Santería se conoce al maíz como Agguado y en Palo lo llaman Masango. Cuenta la tradición que el primero en moler maíz fue Changó, dios del trueno, pués cuando llegó a Cuba lo encontró en los montes. En las fiestas que se le celebra a
los orishas, se prepara un especie de pan llamado Akará.
Se pone el maíz en remojo toda una noche, se muele muy bien y al día siguiente se cuela y se cose a Baño de María, quedando como resultado una masa suave a la cual le dan forma de pan y la colocan sobre hojas de plátano y la ponen a secar al sol. Con este mismo procedimiento, pero agregándole agua fría y endulzada con azúcar, los santeros confeccionan un delicioso manjar llamado Ekó. Otra deliciosa 9bebida confeccionada con maíz es el llamado Cheketé, el cual se prepara con maíz tostado, agua, naranja agria y melao de caña. Este refresco es muy apetecido en estas fiestas. En Asturias los estigmas son apreciados en farmacia por sus propiedades diuréticas.

Laurel: (Ficus nitida, Thumb. y Laurus nobilis, L.).
El nombre vulgar del laurel es utilizado en Cuba para referirse a dos plantas distintas, una es el Ficus nitida Thumb., denominado laurel de la India y el otro es el Laurus nobilis conocido como laurel de España. Las ofrendas y obras que se hacen al pie de su tronco y bajo su acogedora sombra
son ejecutadas por los espíritus y los muertos que viven en ella. Este árbol pertenece a los cuatro puntos cardinales. Su sombra tiene poderes mágicos y si se toca trasmite energías positivas. Sus hojas y raíz hervidas son una bebida purificadora. En las Reglas de Palo le llaman al Laurel Ocereke y con él se lavan los ojos del neófito para hacerlo clarividente. Los buenos mayomberos dicen: “debajo del laurel, yo tengo mi confianza”, que quiere decir: cualquier obra que se haga en las raíces del laurel, dará siempre resultado. Algunos padres y madres, los más viejos, le ponen entre sus raíces un pedazo de espejo, el vititi, y con ellos y a su sagrada sombra vaticinan el futuro, pasado y presente de una persona. Antiguamente, cuando se rayaba a un padre, éste dormía bajo el laurel, durante siete días. Esto no sólo era una prueba sino que la persona recibía también todo el poder de fuerzas concentradas en este árbol mágico.
Ta Ceferino, gran padre Nganga de las Reglas de Palo decía:
El Laurel está tupido de espíritus, hay tantos y tan fuertes santos grandes, como el árbol sagrado de la Ceiba. Tiene tantos misterios y derechos, es muy poderoso. Allí
los fumbis — espíritus de los muertos — se aglomeran.
En la Regla de Ocha se conoce con el nombre de Igginile ifiri y es uno de las árboles más venerados y respetado, pues en su tronco vive Obakoso, Changó, rey de Koso. Con su raíz, los santeros preparan una especie de licor que devuelve energías a los organismos débiles por diversas enfermedades. Cuenta un antiguo pattakí que en la copa del laurel y acompañado con los demás orishas se encontraba charlando un atardecer Changó, dueño absoluto de este frondoso árbol. De pronto ve que un hombre se le acerca, sigiloso, quejumbroso 10por su constante adoración a sus veneradas deidades y que, así y todo, cumpliendo con ellas, lo habían traicionado y había quedado ciego.
Changó pidió silencio y se puso a escuchar todo lo que el buen hombre tenía que decir:
¡Ay Baba, ay Yemayá, ay Ochún, ay Changó, que todo lo puedes, ay Elegguá que olvidaste ese día velar por tu hijo, ay Egguns y Ayés, ay todos! ¿Por qué me han quitado la vista?
Changó, dirigiéndose a Orula, le pidió que sacara su tablero para investigar en qué había fallado ese pobre hombre, mientras que Yemayá y Ochún le susurraban un
canto al oído para calmarlo y adormecerlo.
Orula moyugbó a los cuatro puntos cardinales e hizo un rezo especial a Babá. Le vino el oddún Oché Meyi, y no entendió por qué le había atacado los ojos. Despertaron al hombre y le explicaron lo que habían hecho mientras él dormía, ya
que todos ellos lo querían ayudar. El hombre, al conocer quienes estaban delante, se tiró en la tierra besándola y pidiéndoles la bendición. Muy triste confesó que había pecado, esclavizándose a los placeres de la tierra aunque no quería reconocerlo, y pidió humildemente el perdón. Este hombre que se tiraba ante los orishas era Babalú Ayé, que no sólo había perdido la vista sino que estaba cubierto de llagas. Los awós (sabios) de la tierra
donde vivía lo habían botado y él, en su desespero había perdido la noción de todo. Changó no lo había reconocido; al conocer la desobediencia, le pidió a Oggún —
que como sabemos es un gran brujo —, y a Osain, que con las hojas y las raíces del laurel hicieran un cocimiento, que se lo fueran frotando suavemente en los ojos, hasta que él llamara a la lluvia para que limpiara con su agua purificadora
todo lo malo que había hecho Babalú y de lo cual ya estaba arrepentido. Vino un gran aguacero y Babalú se fue depurando. De pronto salió el sol y vio la vegetación, el majestuoso laurel, a los orishas y a su hermano Changó, con el cual se abrazó y juntos lloraron de felicidad. Por eso en el
laurel se pide y los orishas, atentos a sus hijos, los ayudan a desenvolverse. El laurel es milagroso y mágico…
En Cuba se utiliza contra el reumatismo, la parálisis y la sarna, como también para activar la digestión. Antiguamente se utilizaba para embalsamar cadáveres. En Asturias, las hojas y los frutos contienen esencia. De los frutos se prepara la 11manteca del laurel que se utiliza como parasiticida y antireumática en uso externo, sobre todo en veterinaria.

-Fuente;Estudios Afroamericanos,Biblioteca Virtual.

Notas
1. “Diccionario de los símbolos”, Editorial Herder, Jean Chevalier y Alain
Gheerbrant, Barcelona, 1995.
2. Lydia Cabrera. “El Monte”, Colección Chicherekú, Miami, 1992.
3. Zayda del Río.
4. Deidad.
5. Espíritus.
6. Elevación máxima de los espíritus.
7. Ceremonias de ofrenda, sacrificio o de purificación.
8. Dios Supremo.
9. El Sol.
10. El Universo con todos sus elementos, es lo indescifrable.
11. Orisha o deidad creador de la tierra y escultor del ser humano.
12. Rey del Sol.
13. Aura Tiñosa.
Bibliografía
Ignacio Abella, “La magia de los árboles”, Editorial Integral, 1997.
Natalia Bolívar, “Cuba: Imágenes y Relatos de un mundo Mágico”, Ediciones Unión,
1997.
Natalia Bolívar, “Los Orishas en Cuba”, PM Ediciones, La Habana, Cuba, 1994.
Lydia Cabrera, “El Monte”, Ediciones Universal, Miami, Florida, 1992.
Matías Mayor & Ángel Álvarez, “Plantas medicinales y venenosas de Asturias,
Cantabria, Galicia, León y País Vasco”, Editorial Ayalga, Salinas, Asturias, 1980.
José Seoane Gallo, “El Folklore médico de Cuba”, Editorial Ciencias Sociales, La
Habana, 1987.
Pura del Prado, “Color de Orishas”, Poema Blanquiazul, Editorial Campos,
Barcelona, España, 1972.
Conferencia impartida en el Real Instituto de Estudios Asturianos en el año 2000 y editada en el
“Boletín” del dicho Instituto (R.I.D.E.A.)

Credito de la imagen:Andre Luiz Ferreira

Por. Comunidad Religiosa

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