Bajo el árbol sagrado

Por Jorge Luis Rodriguez (Stage Of The Arts, Inc.) and Beatrice M. De Oca
(Western New Mexico University)

la ceibaIggi Olorun, Iroko, Nsanda Nkuni Sambi, Santísima Ceiba.
La Casa de la Ceiba, tiene sus puertas exactamente frente a las puertas de la sacristía de la
Iglesia del barrio de Pueblo Nuevo, cerca de la Calzada de San Luis en Matanzas. En una acera queda el templo católico, que ocupa una manzana completa, rodeado por árboles frondosos y un parque cuyas bancas sombreadas invitan al reposo de vecinos y feligreses. Al cruzar la calle,
encontramos una modesta casa residencial; es una casa-templo del sincretismo Afrocubano, donde
se cruzan los caminos de la Regla Conga (Palo Monte), la Regla de Ochá (Santería), el espiritismo
Cruzado y la fraternidad masónica del Rito Escocés Antiguo y Venerado: Munanso Ungundo, La
Casa de la Ceiba; la casa de Tata Cristóbal Orlando.
“Ahí por primera vez monté lo que se llama ‘el fundamento de la cazuela’, que es ‘brazo
fuerte’ (Nicuago Luana), el llamado Agayú en la santería cubana, el San Cristóbal que le dije es el
nombre mío… Agayú yo ya lo había montado en fiestas de santo que yo iba sin ser santero, pero
no este que viene con otra cosa un poco más violenta, más brava, más primitiva.”
A Agayú -San Cristóbal- los mayomberos también lo llaman “Cabo de Guerra” en idioma
español, del mismo modo que Changó es “Siete Rayos”; Obatalá es “Tiembla Tierra”, Babalú Ayé
(San Lázaro) es “Para Llaga”; Orula es “Padre Tiempo”, etc.
“Todo lo fui recogiendo gracias a mi muerto, a Pao Pablo; él me fue documentando, no me
dejaba dormir, me despertaba por las noches, a escribir… a escribir lengua, hasta que lo que tengo
hoy en día es un diccionario casi completo. Fue un trabajo de largo tiempo”, añade Cristóbal.
El munanso debe quedar afuera de la vivienda y casi siempre se trata de una adición de
madera. En el cuarto que precede al munanso, hay una foto de Pedro Hernández, el padre de
Cristóbal, que fue un espiritista reconocido en el barrio de Simpson en Matanzas, también las fotos
de dos ahijadas difuntas entre vasos de agua, y el sarape dedicado a Emiliano Zapata, un ser
protector de la casa que a veces aparece como visitador en los trances de Cristóbal.
“Mis padres me han contado después, que de niño yo veía espíritus. Al principio me
asustaba y salía corriendo… y entonces mi padre, que era espiritual, también veía lo que yo veía y
me fue explicando”.
El ingeniero francés Allan Kardec declaraba que sus libros le eran dictados por espíritus y
en torno a su literatura (ilegal durante la dominación española) se organizaron grupos de culto en
Cuba y América Latina a partir de 1850. Las ciencias ocultas europeas terminaron por cristianizarse
en Cuba asimilándose al culto de los santos (Brandon, 1990).
“Pasó el tiempo y ya yo empecé a sentirme erizamientos, aparte de ver, ya empecé a oir
algunas voces y ya tenía un tormento en mi cabeza que mi madre sobre todo pensaba que yo me iba
a volver loco… Son seres de hoy en día, que los tenía desde entonces, pero no sabía la calidad de lo
que yo tenía”.
Cristóbal creció escuchando la voz de Temotec, un azteca que era el guía espiritual de su
padre. Un día el joven Cristóbal le dijo al indio que él también quería poder montar a los espíritus y
la respuesta fue que al morir su padre estas facultades serían adquiridas por él. “Pues yo no quiero
montar entonces, déjenme viendo y oyendo y hablando con ustedes y mi padre toda una vida”,
contestó el muchacho. “Eso le agradó mucho y tuve la dicha con los años de poder montar y
trabajar junto con mi padre. Mi padre montaba en una punta de la mesa y yo montaba en la otra
punta; es una cosa inolvidable…”.
La escuela del espiritismo kardeciano sirvió para que los mediums trabajasen con espíritus
de indios cubanos o latinoamericanos y los perros de prenda o caballos encarnasen los espíritus de
congos de Nación. Los vasos de agua acompañando retratos de difuntos e imágenes de santos son
parte intrínseca del folklore católico en Cuba. Este sincretismo se ha conocido como Espiritismo
Cruzado.
Junto al munanso vela hay un patio exterior de tierra donde crece una ceiba (ungundo).
Después que se sacrifican animales de cuatro patas, los cuelgan frente a la ceiba antes de abrirles
las entrañas. El cabildo de Tata Cristóbal es Brillumba. La rama Brillumba surgió del Mayombe a
finales del siglo pasado, en la provincia de Matanzas, y ha sido muy influenciada por la Ocha y las
manifestaciones criollas del espiritismo (Bolívar, 1998).
La ceiba (Ungundo) es el Árbol Dios que Lidia Cabrera ha definido como “la conciencia
mística de nuestro pueblo”. Los antiguos paleros se consagraban en el monte, junto a la Ceiba
Madre, al pie de la cual debían dormir siete noches. Se dice que la ceiba le pertenece a Aggayú
(Brazo Fuerte) y también a Dádda Awuru Maggalá -Gebioso-, el Changó Mayor de los ararás. Pero
todos los Orishas van a parar a la ceiba. Fortuna-Mundo y Niña-Linda le dicen cariñosamente en el
campo los paleros. La ceiba es el asiento de Iroko y no se le debe dar nunca la espalda. Tampoco la
sombra sagrada de Iroko se debe pisar; hay que pedirle permiso al árbol antes de cruzar junto a una
ceiba. “Iroko es el punto de reunión de las almas”. “Africanos y criollos muertos, todos los difuntos
se encuentran en Iroko”. “Iroko es siempre una asamblea de espíritus”… “Munansó de los Fúmbe”.
(Cabrera, 1954).
El aniversario de prenda en el Munanso Ungundo de Matanzas es el 16 de Noviembre que
es el día de Aggayú. El día de la Ceiba.
Una tarde calurosa de agosto, el cabildo se reúne para dar comida (uria) a la prenda
(cazuela). El chivo es el alimento de Sarabanda (Oggún -San Pedro-), la fuerza de los metales que
guía a los brillumberos. El cabildo se reúne junto a la Nganga (Nkisi), una caldera de hierro forjada
a la usanza colonial que contiene el fundamento del Palo, preparado con huesos del muerto
(Nfumbe), tierras, animales, aguas, plantas y semillas sobre las que descansa el tarro de toro
sellado con un espejo (mpaka mensu) por donde el Tata puede ver a través del tiempo y del
espacio.
“Tata es padre, Nkisi es cazuela: Padre de Cazuela”.
El Tata golpea tres veces el suelo con sus nudillos, hace la cruz tres veces con sus brazos y
tira los cocos de la adivinación frente a la prenda. Las paredes están cubiertas con ramas
(montecito) y cuelgan alrededor los grandes paños, o banderas de colores primarios, con la firma y
los nombres sacramentales de cada ahijado bordados sobre la tela.
La firma del Tata está grabada con yeso blanco en el suelo, frente a la prenda y estos signos
mágicos servirán para quemar la pólvora (fula) y desatar los conjuros con los cuales se llama al
Nfume y a las fuerzas. La firma nunca se dibuja completa, por desconfianza, para que nadie pueda
por traición o error actuar con brujería contra la casa.
Cristóbal y después su vecino Toto (también Tata y maestro masón de la Logia
Reivindicación), hablan en lengua con la Nganga y comienzan a “despertarla” rociándola con
buches de aguardiente (Malafo) y bocanadas de humo de tabaco. Traen los pies descalzos y los
pantalones arremangados hasta media pierna. Todos los miembros del cabildo proceden entonces a
despertar la prenda, soplando también sobre sus respectivos gajos, que es como se denomina a las
cazuelas recibidas por los iniciados (ngueyos).
“Saalam Malekum”, dice el Tata. “Malekum Saalam” contestará el cabildo.
Obtenemos autorización de la Prenda para filmar la ceremonia. Hoy se trata de la ofrenda
de un ahijado que nos pide que no lo retratemos a él porque trabaja como abogado en una empresa
estatal y “esto puede traerle complicaciones”.
El Tata hace entrar al chivo (meme) en el munanso llevándolo por los tarros y lo desploma
de costado frente a la Cazuela; dos ahijados levantan al animal tomándolo por sus patas. Cristóbal
toma el cuchillo (mbele) que reposa sobre el fundamento y hace la señal de la cruz con él antes de
tomarlo en su mano; otros ahijados se acercan para rociar al animal con humo de tabaco y buches
de aguardiente.
El chivo se deja conducir dócilmente y los hombres disponen su cabeza sobre la Nganga. El
Tata pronuncia las palabras rituales: “Sambia arriba, Sambia abajo; Sambia por los cuatro
costados…” y termina diciendo: “…yo no mato, Sarabanda mata”. Entonces el cuchillo corta la
yugular del chivo y la sangre corre sobre el fundamento mientras que todos cantan haciendo coro al
Tata: “Menga va a correr / de bote en bote. / Menga va a correr / de bote en bote…”.
El cuchillo continúa cercenando la cabeza mientras ahora se deja caer la sangre sobre los
recipientes que contienen la prenda de otros ahijados y otras fuerzas. “Menga, corre menga / como
corre, tintorera…”, cantan.
Después se procede a desprender la cabeza del cuerpo para depositarla sobre el
fundamento mientras que se canta: “Corta y corta, bejuco colora’o / Bejuco colora’o, bejuco
colora’o…”. Del tronco cercenado se hace brotar la sangre dentro de un recipiente ritual mientras
cantan: “Yo lavo mi Nganga con agua colorá / con agua colorá, con agua colorá…”. El cuerpo del
chivo queda tendido frente al fundamento y se preparan para el sacrificio de un gallo. Todos los
animales deben ser machos.
Se repite el ritual con el gallo. La Nganga queda cubierta de plumas. Al final pasan el
pescuezo palpitante entre los participantes que beberán de su sangre caliente mientras cantan:
“Unké, unké / to’ los Sambi toman unké…” Ambos animales decapitados yacen ahora en el suelo
hasta que los levantan por sus patas y los balancean en el aire hasta ganar impulso para lanzarlos
volando fuera del munanso. La menga (sangre) ha servido de alimento a los seres mágicos y las
fuerzas del universo; ahora la carne servirá de alimento a los humanos y todos se aprestan a
preparar el festín.
Afuera, en el patio, se separa el cuero del animal frente a la Madre Ceiba. Cortan los
testículos y los guardan… “Las bolsas sirven para hacer resguardos”, amuletos para proteger contra
el mal, nos explica Cristóbal.
Todos se sientan afuera a descansar, se toma café, jugos y ron. Cristóbal está hablando
tranquilamente cuando lo sorprende una convulsión y cae aplastado contra el piso. Ha llegado el
muerto.
Es lo que se llama “pasar el muerto”. Cristóbal, convertido en perro de prenda (caballo del
enfume) se arrastra sobre el piso de piedra y entra al munanso. Se incorpora de un salto y muerde
la cabeza del chivo que reposa sobre la prenda. Retrocede un par de pasos y se golpea el pecho con
fuerza mientras exclama con voz gutural: “¡Contento Yo!”. Vuelve a morder la cabeza y digiere la
masa sanguinolenta.
El Nfume está satisfecho. Cristóbal vuelve sobre sus pasos y saluda a la usanza religiosa
afrocubana: con el choque de los hombros derecho y luego con el izquierdo. Sus ojos están muy
abiertos, la pupila dilatada, los músculos en tensión. Se lanza al suelo de golpe. Todos lo rodean,
le dan lo que pide: malafo y tabaco. “Caballo decían que yo no iba venir”, se ríe. Durante la
próxima hora el espíritu dará consejos para evitar problemas con los cabo ronda (policía) o para
atraer la buena suerte o el dinero (mbomro). Otro ser se acerca… “son sombrero grande…” anuncia
el espíritu congo y Cristóbal se transforma de repente en la figura solemne de Emiliano Zapata.
Cristóbal no recuerda nada de lo que ha sucedido cuando sale del trance. En el cabildo
todos están felices. El muerto habló hoy. Las fuerzas del universo se conjuraron en la Casa de la
Ceiba.

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