“En Cuba se mantiene la religión como era en sus orígenes”, afirma Cristóbal.

Nikuako Luana Foto de Jorge L. Rodriguez
Nikuako Luana
Foto de Jorge L. Rodriguez

Por Jorge Luis Rodriguez (Stage Of The Arts, Inc.) and Beatrice M. De Oca
(Western New Mexico University)

A finales del siglo XVIII el desarrollo de la industria azucarera trajo a Cuba los esclavos
Yorubas, los cuales superaron en número a los que habían sido traídos del Congo desde el siglo
XVI. En Nigeria, un sacerdote de Obatalá (Orisha creador de la Humanidad) recibe solamente el
asentamiento de Obatalá. La subasta de los esclavos generalmente trajo consigo la separación de
las familias y amenazaba con la desintegración cultural de los grupos etno-religiosos. Es posible
que fuera entonces cuando los Yorubas comenzaron a ‘recibir’ varias deidades, buscando la
manera de perpetuar los linajes religiosos al permitir que un solo individuo fuese portador de
varios Orishas.
Con la fe en cada deidad, se preservaron también los cantos a cada deidad, los bailes, los
tambores y las relaciones corporales y anímicas que continúan manifestándose en Cuba hasta
nuestros días. Los pueblos africanos reprodujeron en Cuba los sistemas de ciudades-estado y
conservan aún las estructuras de cabildo durante sus relaciones espirituales.
Cuando los amos esclavistas trataron de imponer el Catolicismo a sus esclavos, como
había dictado el mandato evangelizador desde el comienzo mismo de la colonización española en
América, se inició el proceso de sincretismo y transculturación que aún continúa desarrollándose.
Una vez en la iglesia, el Yoruba identificó el aspecto de las imágenes que se le obligaba a adorar con
las deidades de su propio culto. Ante la imagen de Santa Bárbara, que viste una túnica roja y
sostiene una espada; él reconocería a Changó, el guerrero dueño del trueno y los tambores que viste de rojo y como Zeus sostiene un hacha doble o bi-petaloide (oché). La Virgen de Regla, patrona del
pueblo que lleva su nombre frente a la bahía de La Habana y que viste toda de azul, se identifica

Tata Cristóbal Foto de Jorge L. Rodriguez
Tata Cristóbal
Foto de Jorge L. Rodriguez

con Yemayá, la dueña del mar. Y así consecuentemente, se funde casi todo el panteón Yoruba con
la cristiandad en el sincretismo y la transculturación de lo africano y lo español dando forma al
mestizaje criollo donde se basa la nacionalidad cubana.
Una corriente académica en Cuba, sostiene que el concepto del sincretismo está errado
porque la aceptación del catolicismo sólo sirvió como camuflaje para proteger las verdaderas
creencias del africano ante la teología del sistema esclavista. También otros académicos de Nigeria
plantean que las religiones de base Yoruba en América, como la Santería y el Candomblé, no son
el resultado del sincretismo 2 sino más bien de la aceptación del Catolicismo por parte de los
esclavos, debido a la tolerancia Yoruba manifiesta al respetar todas las religiones (Wippler, 1994).
1 Por “Yoruba” nos referimos en este estudio a los grupos que comparten dicho idioma y/o la
misma cultura; aquellos que localizan sus orígenes y su meca en la ciudad sagrada de Ilé-Ifé, la
antigua capital del Imperio.
2 Syncretism is the combination or reconciliation of different religious or philosophical beliefs. The
Yoruba did not simply accept the Catholic saints -they identified them with the orishas, Santeria
Si bien estas pudieron haber sido las motivaciones para los procesos originales, luego el
sincretismo se consumó a plenitud y los santos del Catolicismo están totalmente identificados con
los Orishas en lo que se conoce como Santería o Regla de Ocha. Bajo este nuevo cuerpo litúrgico ya
se encontraban fusionados todos los cabildos Yorubas en Cuba a finales del siglo XIX.
Las deidades que veneran los Congos (mpungos) son fuerzas mágicas, y a causa de no ser
antropomórficos, nunca fueron asimiladas con los santos del Catolicismo. No existió sincretismo
directo entre el cristianismo y los Bantú 3 en Cuba, sino que ocurre por carambola 4 al sincretizarse
los Mpungos bantú con los Orishas yorubas y los Orishas estar sincretizados con los Santos
católicos.
La asociación aparece dictada en este caso por los poderes animistas de cada deidad Bantú.
Así que Changó (Santa Bárbara), el Orisha del trueno que vive en la Palma Real, se identifica con
Siete Rayos (Santa Bárbara Macho). Madre de Agua (la fuerza del agua y la maternidad en Bantú),
se identifica con la Virgen de Regla (Yemayá), la virgen negra que sostiene en sus brazos un bebé
blanco; una imagen muy acabada del mestizaje cubano.
Centella Endoke (Fuerza de la muerte), sincretiza con el panteón Yoruba en Oyá (Santa
Teresa de Jesús). La dueña del cementerio que se viste con todos los colores porque es la dueña del
arcoiris.
Después de consolidarse a nivel nacional el cuerpo litúrgico de la Regla de Ocha, las
“variantes antiguas” del Congo se re-organizaron a principios del siglo XX en las “variantes
actuales” de la Regla Bruja o Regla de Palo Monte.
Este sincretismo no sólo sirvió para inocular la cultura europea en los africanos, sino
también permitió durante la colonia (justificó) que el gobierno español autorizara y reconociera la
jerarquía de los cabildos negros, permitió que los esclavos mantuvieran el tambor y participaran de
los festejos cristianos con su música y sus danzas rituales. El tambor sirvió para que aún los
Yorubas (Santeros), los Congos (Paleros), los Carabalí (Abakuá) y los Ewe-Fong (Arará), sigan
llamando en Cuba a sus dioses, a sus seres mágicos y a sus muertos.
Procesos similares ocurren con la colonización francesa en Haití (Vodoo) o con los
portugueses en Brasil (Candomblé) y Shangó en Trinidad. Cuando la colonización británica en
Norteamérica separó al negro del tambor, lo separó de sus antepasados, de la voz de sus dioses y
de su cultura ancestral. Fernando Ortiz refiere cómo la falta de participación del negro en Cuba
durante la misa católica auspiciada ininteligiblemente en latín le hizo mantener y preservar los
cantos y bailes colectivos de las religiones africanas mientras que el negro en Norteamérica asimiló
en los Spirituals la liturgia del protestantismo que oficiaba en idioma inglés (el cual podía
entender), repitiendo constantemente sus cantos a los anhelos liberales del pueblo hebreo y la
victoria final del hombre que tiene fe, contra la servidumbre de Satán (Ortiz, 1937).
means literally “the worship of saints” and these saints are identified with the orishas of the Yoruba
pantheon. (Wippler, Migene. Santería: The Religion, 1994, Llewellyn Publications)
3 Por “Bantú” nos referimos en este estudio a los grupos bacongos que comparten la fusión del
castellano con el Bantú antiguo (el que hablaban los negros de Nación que vinieron de África),
originando un nuevo caló Afrocubano que continúa siendo parte del lenguaje popular cubano y los
rituales de Palo Monte.
4 Carambola: Cubanismo para indicar en las canicas o el billar cuando una bola golpea a otra que a
su vez golpeará a una tercera.
Ya sea el Añá de los tambores Batá o el Ekue de los obonekues, los tambores son
fundamento religioso de las culturas Afrocubanas. Los tambores Batá son como la Santísima
Trinidad del catolicismo; el dios Añá se manifiesta en los tres tambores bi-membranófonos: Iyá
(Madre), Itótele (Padre) y Okónkele (Hijo). La música de los Batá, sirve para desarrollar las danzas
rituales basadas en el significado de cada deidad y estas danzas desarrollan a su vez el lenguaje
corporal de los iniciados en la Regla de Ochá.
Tata Cristóbal nos dice señalando hacia el munanso (cuarto, casa/templo de Palo) que si él
“tuviera que hacer algún trabajo de santo ahí no se puede hacer… nadie, nadie, nadie… un santero
que sea palero tampoco puede hacerlo ahí; ni donde está el santo se puede hacer nada de Palo.
Cada cosa en su cosa”. La autonomía de cada culto hace posible la vigencia del sincretismo
religioso. Cada culto mantiene su propia identidad; una costumbre o un artefacto religioso de Palo
no puede reemplazar a uno de Santería, por mucho que se combinen en Brillumba.
Los distintos cultos de religiosidad Afrocubana interactúan en los estados anímicos del
practicante pero ni los espacios rituales ni la artesanía ritual se mezclan entre sí, ni tampoco los
cantos, ni los vestuarios, ni los instrumentos musicales. Esta característica permite la formación
de complejos prismas de conducta religiosa.

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