La Santería en Cuba.

okanaimageSegún algunos, el pueblo cubano es católico; para otros, es santero; durante mas de 30 anos, estudiosos cubanos pertenecientes a las instituciones oficiales, sostuvieron que los cubanos somos ateos. Criterios interesados, piensan unos; desconocimiento, aseguran otros. Lo cierto es que, estadísticas oficiales publicadas a fines de la pasada década de los ’90, muestran que el 82, 23 % de la población de la Isla tiene algún tipo de creencias religiosas, cifra que alcanza el 84, 80 % entre los jóvenes. Dato este ultimo que adquiere relevancia, al haberse educado a estos durante las décadas de gubernamental practica política ateísta y atéis ante en la Isla.

La practica afro-religiosa -en sus variadas manifestaciones- tiene en Cuba tan larga data como la presencia de la población africana, traída a estas tierras desde el inicio de su colonización. Presencia de la raza -termino erróneo científicamente pero entendido por todos- negra, economía de plantación, esclavitud y afro-religiones resultan inseparables en tierras caribellas. De ahí su carácter popular; de ahí las condiciones de clandestinidad y atomización en las que han sobrevivido estas religiones, situación que, aun siendo criticada desde religiones con estructuras centralizadas -como el catolicismo romano-, ha sido el fundamento de su permanencia y extensión. Singularidad que pudiera perder si consigue imponerse la actual propensión a la institucionalización.

La Santería cubana, religión de origen esencialmente africano -sustentada sobre la base del Culto a los orishas practicado en África Occidental- incorporo elementos de otras religiones africanas, como del catolicismo romano y del espiritismo. A tono con la idiosincrasia inclusiva de los africanos -que trajeron a América la experiencia de sus sincretismos intra-africanos-, el cubano culturalmente ha mostrado una tendencia al pragmatismo y, consecuentemente, a la incorporación selectiva de los elementos culturales ajenos que considere necesarios, útiles ; característica que continua expresándose en los procesos sincréticos que experimenta la Santería, que incorporo incluso una deidad china -aseguran algunos estudiosos que de origen chino-cubano- como San Fan Kon, al que sincrética con Chango -tercer alafi (rey) de la ciudad africana de Oyo; orisha guerrero; poseedor del fuego y los tambores-. Hoy la Santería se abre al mundo con el consiguiente replanteamiento de algunas de sus prácticas tradicionales.

No obstante haber sido la Santería religión de la población cubana negra y mestiza, habiéndose mantenido su núcleo en las provincias occidentales -La Habana, Ciudad de La Habana y Matanzas, donde tuvo origen-, desde finales de los anos ”70 no solo se ha constatado un sostenido incremento de sus afiliados sino que ya no es posible ubicarles geográficamente en la Isla. La vieja, elitista, excluyente y discriminadora afirmación de que se trata de cosa de negros: brutos, ignorantes, salvajes y lujuriosos, ha debido ser seriamente repensada hasta por los estudiosos. Muchos de los especialistas cubanos que consideraron -desde inicios del S. XX- que esta muestra de primitivismo desaparecería con el incremento del nivel de instrucción y quedaría únicamente como folclor, reevalúan aceleradamente sus criterios. La realidad muestra que la Santería se mantiene, se revitaliza y se expande en el territorio nacional y allende sus mares, y que sus fieles ostentan cualquier color epitelial, no son privativos de ningún sector social, ostentan diferentes niveles de conocimientos -muchos son profesionales- y profesan diferentes filiaciones políticas.

Crecimiento de esta practica religiosa en el que factores disímiles continúan influyendo. Las incursiones internacionalistas cubanas en África -madre mítica de tantos cubanos-, donde muchos jóvenes descubrieron sus religiones ancestrales, algunos de los cuales regresaron iniciados en estas, y que les proporciono un desprejuicio respecto a la visión que se inculcaba sobre estas. Los contactos con el resto de Afro-América, especialmente con Brasil, considerado junto a Cuba como receptáculo del afro-religión. La presencia de población afro-estadounidense, que peregrina entre Cuba, Brasil y África en búsqueda de la parte de su cultura que les fue negada, habiéndole sido extirpada en un profundo proceso aculturador. La revisión de la política atea y ateizante del Partido Comunista de Cuba, permitiéndose luego de su IV Congreso (1991) la entrada de los religiosos a sus filas y, el clima de cierta apertura que eso genero respecto a la percepción de las religiones por la población, posibilitando la flexibilización en la discriminación -no del todo eliminada- que sufrían los religiosos en general y los afro-religiosos en particular. La existencia de iyaloshas (sacerdotisas o madres de santo), babaloshas (sacerdotes o padres de santo) y babalawos (padre de los misterios) con mayor nivel de instrucción. La proliferación de centros de investigación -en toda la Isla- y de bibliografía, dedicada al tema. Descubrir en muchos investigadores de la temática la condición de santeros, y la incorporación de muchos santeros al estudio de su religión. La apertura de la Sociedad Cultural Yoruba de Cuba, y la aparición de diferentes agrupaciones de santeros. Estos y otros, son elementos que han favorecido el crecimiento del numero de practicantes, ocasionales y permanentes, de la Santería.

No debe descartarse una de sus características esenciales: la búsqueda de soluciones, aquí y ahora, a los problemas que aflijan a los humanos. Tampoco desconocer su carácter inclusivo, teniendo por tradición aceptar -excepto en la Sociedad Cultural Yoruba de Cuba, organización controversial, que exige para pertenecer una determinada conducta- a cuantos reclamen sus servicios, formen o no parte de sus fieles o tengan alguna otra fe religiosa. Es común entre los santeros tener otra practica religiosa -muchos son espiritistas-; para el proceso de iniciación, casi todas las familias religiosas -estructura en que se asienta su orden- exigen el bautizo en la Iglesia católico-romana, por lo que muchos se consideran sinceramente catolicos y, por lo general, incorporan el calendario de conmemoraciones de esta Iglesia. No sorprende al cubano ver en el templo católico a un iyawo (persona recién consagrada a su orisha o ángel de la guarda ) vistiendo de blanco, portando sus collares y manillas y con su cabeza cubierta por turbante o sombrero, acompañado de su madrina o padrino, pues el ritual de la consagración al orisha protector contempla la visita a la iglesia.

Durante las referidas décadas de ateismo, fueron los afro-religiosos -incluidos los santeros- quienes mayoritariamente continuaron con la practica del bautizo. Lo que no siempre es reconocido por las autoridades católicas de la Isla, con tendencia a la incomprensión sobre un fenómeno que -admite el vicario general de la arquidiócesis de La Habana, Mons. Carlos Manuel de Céspedes- constituye en Cuba su principal desafió. Las autoridades católicas cubanas -coincidiendo con sus homologas de gran parte de las denominaciones protestantes y evangélicas-, tildan de satanismo a la Santería, de la que el Cardenal Jaime Ortega públicamente ha manifestado que se trata de boberías llevadas al rango de verdadera fe. Mientras otros religiosos cubanos -también la generalidad de los cristianos- aseguran que la Santería es privilegiada por el gobierno, muchos santeros se sienten folclorizados en su representación por los más media y excluidos por las diferentes instancias gubernamentales, proclives a no hacerles participes de los esporádicos diálogos que sostiene con otros religiosos.

En enero de 1998, en el encuentro que sostuvo el fallecido Papa Juan Pablo II con lideres religiosos en Cuba, tampoco se les permitió participar, aunque hubo entre los babalawos quienes lo solicitaron. La víspera del arribó de JPII un grupo de santeros ofreció un wemilere (toque festivo de tambores) rogando por el buen desenvolvimiento de la visita. En la misa que JPII ofreció en la Plaza de la Revolución -espacio de los discursos del presidente Fidel Castro, cedido por vez primera a un líder con un discurso diferente- pudo verse, luciendo sus símbolos religiosos, a santeras y santeros cubanos a quienes, en muchos templos católicos, se les niega el derecho a la comunión teniendo, en otros, una activa participación; ellos continúan siendo el sostén de las recién autorizadas procesiones en el día de celebración de la Virgen de la Caridad -patrona nacional; sincretizada con Oshun, orisha del amor, la sensualidad y la sexualidad, protectora de las embarazadas y de los niños; cuyo reino son las aguas dulces y que, como a la católica virgen, el imaginario popular la identifica mulata-.

Ese día -8 de septiembre- mujeres y hombres de esta Isla -vienen muchos desde el exterior-, sin distinción de color ni de edad, vistiendo de amarillo o blanco, fundamentalmente, asisten a misa, colocan girasoles -puede que cubiertos por miel-, toman baños purificadores, encienden velas y quizás hasta se escuche algún toque de tambor o de violín -instrumento europeo con el que se agasaja a Oshun- implorando salud, amor, desenvolvimiento económico, un viaje al exterior… pidiéndole indistintamente a la virgen y/o a la orisha, en una aparente confusión que nada tiene que ver con la esquizofrenia -como por anos han sostenido psiquiatras desconocedores, aun siendo cubanos, de la complejidad de nuestra cultura- y si con nuestro arraigado sincretismo religioso. Quizás por eso no se auguran éxitos a la tendencia africanista que -como en Brasil- ha surgido aquí en los últimos años, intentando purificar a la Santería de elementos no africanos, posiblemente sin la total comprensión de que la Santería es, básicamente, el resultado de una mezcla de pueblos y de culturas, y que la expresión teológica de esta se manifiesta en la síntesis que en la practica religiosa cotidiana acontece en la vida de cada santero.

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