La miel de Oshún

oshunCuando el Creador, Olodumaré, envió a las 16 abejas trabajadoras a la Tierra al principio de los tiempos para que civilizaran a la humanidad, incluyó entre ellas a una llamada Ochún. Antes de venir a la Tierra, fueron a Ifa para que les adivinara, y el profeta del Señor, Orunmila, les instruyó siempre honrar a Ochún, pues su aché o medicina es extremadamente importante para ayudar a civilizar a la humanidad y a guiar su evolución. Cada una de las 16 abejas tenía su aché, sus propios talentos y poderes que eran usados para el beneficio de la humanidad.

Pero a las demás no les gustó Ochún, la oricha fémina, por ser diferente. Se comportaba como si fuera una diva y sabía que era bella y sabia. Por eso la excluyeron en todo lo que hicieron, y solo le asignaron quehaceres triviales a ella. No compartieron con ella y la maltrataron.

Ella se sintió aislada, pero debido a su virtud, no perdió la cabeza ni se enfureció. Lo que sí hizo, fue que en lugar de echar bendiciones, dejó de bendecir con su aché a los demás, porque ella sabía que solo se debe compartir el aché, la energía, con aquellos que lo ameritan.

Y así los trabajadores comenzaron a darse cuenta de que nada que hacían valía la pena, nada rendía frutos, la tierra ya no era fértil y sus métodos para todo ya no eran útiles. Ya no había desenvolvimiento. Dejaron de prosperar y evolucionar. Su frustración a la larga los llevó a los pies del profeta Orunmila donde fueron adivinados para ver que sucedía. Al verlos Orunmila, dijo de inmediato:

“¿Donde está Ochún? ¿Porqué no les acompaña? ¿Porque no la están incluyendo en todo lo que hacen, y honrando como les fue instruído antes de ser enviados a la Tierra?”

“Es porque es la única mujer y tiene toda la fertilidad”, respondieron.

Orunmila entonces dijo: “Se han dejado consumir por la envidia”, y les recomendó que le ofrecieran sacrificios a Ochún, que la sirvieran, que trabajaran duro y recogieran néctar real para alimentarla, como hacen las abejas a su reina en todos los nidos de abeja y de aquí es que se origina esta tradición en esa especie de alimentar la reina con mermelada real. Es por Ochún que todos los nidos de abejas tienen una reina. Dijo el profeta del Señor que si ellos realizaban estos sacrificios, su trabajo rendiría frutos de nuevo.

Mientras todo esto sucedía, Olodumaré-Dios miró a Ochún con compasión mientras ella le rezó y le recordó cuan humillada y avergonzada la habían hecho sentir, y lo mal que la habían tratado. Dios vio que ella había cargado el yugo del rechazo y opresión con virtud y dignidad, sin perder su cabeza y sin usar su poderosa magia para ejercer justicia, y que solo había negado su bendición a aquellos que contra ella cometieron injusticias. Se condujo como toda una reina. Entonces Olodumaré decidió otorgarle el honor de ser la reina de las abejas, y le dio una corona con cuentas y la declaró la mayor de las abejas.

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