EL USO DE LAS PLANTAS EN LA REGLA CONGA Y EL ESPIRITISMO CRUZADO.

Por: Ileana Hodge Limonta

 

uso de las plantasLa tradición herbolaria con fines rituales, medicinales, curativos y fitoterapéutico data
desde las primeras comunidades asentadas en la Isla hasta nuestros días. Se funden en
esta tradición las culturas aborígenes, españolas, -en especial la canaria-, y la africana.
Por razones de espacio centramos nuestra atención en los aportes de la cultura Bantú,
ejemplificada a través de la Regla Conga o Palo Monte, expresión religiosa que rinde
culto a los antepasados y a las fuerzas sobrenaturales existentes en la naturaleza
orgánica e inorgánica representadas en la Ngangai; y en el Espiritismo Cruzado,
complejo religioso cubano que se basa en la creencia de la existencia y comunicación
del mundo de los muertos con el mundo terrenal, en esta manifestación se apela al uso
de representaciones de deidades africanas denominadas a la usanza de su versión
afrocubana. Ambas manifestaciones tienen como elemento central el empleo ritual de
las plantas.
Partimos de no desconocer su manejo en otras expresiones religiosas de origen
africanoii ni, por supuesto, el auge que ha adquirido en los últimos tiempos la medicina
verde, lo más importante, a nuestro juicio, es el valor social que tienen las mismas en
su utilidad medicinal. Es por ello que la tabla que se anexa brinda de forma sintética la
información recopilada en un estudio realizado a creyentes y practicantes de la Regla
Conga y del Espiritismo Cruzado en varias zonas del país. Este trabajo de
investigación fue realizado por el Departamento de Estudios Sociorreligiosos del
Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicasiii.

Adaptación a las nuevas condiciones.
La entrada de los negros esclavos provenientes del África, destinados, principalmente,
al trabajo de las plantaciones de la caña de azúcar, fue un factor determinante en la
conformación de expresiones religiosas que fundieron costumbres y tradiciones que
conforman nuestra nacionalidad. Como señala Ortíz, “el negro… se halló en una
condición social extraña… sin patria, sin familia, sin sociedad suya, con su
impulsividad brutal comprimida frente a una raza de superior civilización y enemiga
que lo sometió a un trabajo rudo y constante al que no estaba acostumbrado”
(1975,24), debía entonces adaptarse al medio y tratar de sobrevivir a pesar de las
condiciones.
Curaban sus enfermedades a través de lo mágico y lo religioso, y el conocimiento
empírico de la acción de plantas medicinales. Los médicos de los ingenios no tenían la
preparación adecuada para enfrentarse a las enfermedades tropicales que los atacaban,
ni los amos confiaban en la veracidad de la aparición de una dolencia en un esclavo, a
menos que fuera muy evidente, epidemia o contagiosa.
Lo cierto es que las condiciones higiénico-sanitarias de los negros esclavos no
variaron ni aun después de abolida la esclavitud. Sin embargo, es sintomático, por
ejemplo que de los alimentos, suministrados a los esclavos para su consumoiv, con el
objetivo de preservar su salud, casi todos en la actualidad se emplean dentro de los
rituales y ceremonias de las expresiones religiosas de origen africano y, al mismo
tiempo se utilizan como medicinales por las propiedades que poseen.
Toda la penuria y miseria respecto al bienestar o la preservación de la salud, les trajo
consecuencias impredecibles de enfermedades en un medio hostil. Ante la adversidad,
el esclavo trató de encontrar fórmulas para aliviar sus propios males, y aplicó, por sus
medios, una terapéutica que tenía como base los conocimientos empíricos de la
vegetación de su entorno natural.

Buscaron, y de hecho hallaron, plantas cuyos biotipos botánicos se asemejaron a las
dejadas en sus lejanas tierras. Asimilaron las del amo y, en consecuencia, en estado de
cimarronaje con indígenas nativos y otros esclavos africanos que lograban huir,
fundieron ritos y aprendieron mutuamente el arte de curarse sin ayuda facultativa.
Con el decursar del tiempo se fue perfilando en ellos todo un tratado mágico-religioso
que, venido en parte del recuerdo de sus ancestros, fue enriquecido por la brutalidad y
crueldad de sus nuevas condiciones sociales de convivencia, los cuales dieron vida a las
expresiones religiosas que hoy se practican. De esta forma los congos, los yorubas, los
ararás, entre otras etnias, han dejado su impronta herbolaria en nuestra cultura.
La Regla Conga o Palo Monte parte de la creencia de que los poderes sobrenaturales
les fueron otorgados a las plantas por un creador denominado Sambi, divinidad
suprema de origen congo. Ellas se unen a un referente religioso simbólico de mayor
significación entre los consagrados que es la Nganga o caldero de fundamento;
simbolizan diferentes poderes de los Mpungos, Nkisi, Nfumbesv, que son deidades
reconocidas por ellos como propietarias de las plantas. Consideran, además, que sus
principios activosvi no se encuentran concentrados de igual manera en sus diferentes
partes.
El uso ritual de las plantas no se ha limitado sólo a las expresiones de origen africano,
son parte también del cuerpo de creencias y prácticas que conforman las tendencias
cubanizadas del espiritismovii, que surgieron de la mezcla o fusión del espiritismo
teorizado en Francia por Allan Kardec con otras manifestaciones religiosas que ya
habían hecho su impronta en nuestra realidad social. Entre ellas y el espiritismo se
produjo un proceso de asimilación y aporte del ritual y de objetos materiales de culto,
que trajo como consecuencia la creación de grupos espiritistas con disímiles prácticas
rituales, alejadas, por supuesto, de la ortodoxia de su teórico y sistematizador.
Por ejemplo, y es el caso que nos ocupa, entre los elementos rituales que el
Espiritismo Cruzado hace suyo con más fuerza en las expresiones de origen africano

se encuentran las plantas. Para hacerlas resaltar en su empleo ritual apelan no sólo a la
comunicación con los espíritus o muertos, sino también se apoyan en objetos
materiales. No se concibe entonces un ceremonial de espiritismo cruzado donde no se
usen plantas, ya sea para santiguar, limpiar o apartar la acción de un “muerto oscuro”
o como método curativo para dolencias somáticas. He aquí la relación religión – salud –
enfermedad como una forma práctica de utilidad del macromundo llamado naturaleza.

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