El santo hombre legendario

negrosAquellos hombres enconados que esperaban a Petit en el puerto, se creían traicionados. No solo le culpaban de entregarle secretos ñáñigos a los blancos, hasta entonces solo reservados a negros y mulatos, sino que también le acusaban de haber consumado este hecho, por la suma de 30 onzas de oro. Pero no tenían razón alguna en acusarle de traidor. Si es cierto que les fuera exigido este aporte a los mákiris (los blancos), también lo es que Andrés Petit no se quedó con una peseta de aquel oro. Con ese dinero, compró la libertad de algunos esclavos de su potencia y también dicen que le sirvió para comprar la libertad a muchos de los abakuás que se oponían al acceso de los blancos a los secretos de Efor. Algunos años después, estos negros enemigos de los blancos, comprenderían la idea. Los mákiris estaban en disposición de entregarse más en función de mejorar la imagen social de su Potencia, con mejor cabeza para los asuntos legales y aventajadas posiciones sociales, llegarían a fortalecer el ñañiguismo. La persecución a los abakuá, tan continua y fuerte en los principios fue cediendo. Hubo dueños de esclavos que se juraban en la hermandad, que evitaron el maltrato a sus ocobios (hermanos) de Potencia, les mejoraron las condiciones de trabajo, de vida, y en no pocos casos les concedían la libertad. El tiempo dio la razón al Caballero de Color.

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