La sociedad secreta abakuá en Cuba

sociedad cecretaSe cree, según lo refiere Lidia Cabrera en su mencionada obra, que aposta otra obra por ella referenciada: “Los criminales en Cuba y el Inspector Trujillo” (Barcelona 1882), sin que el labrador de éstas líneas conozca dicha referencia, que la primera corporación de ñánigos, se formó hacia el año 1936, bajo el amparo y protección del Cabildo Apapa Efi, autorizado por los Efor, que tenían ya su residencia fijada con licencia gubernamental, previo al pago de contribución. Fueron entonces los Carabalís Apapas, los primeros fundadores oficiales en Cuba. Pero ya mucho antes de registrarse legalmente, posiblemente con los primeros carabalíes que entraron como esclavos a nuestro país, funcionaban clandestinas las potencias de la mencionada hermandad secreta. Se conoce que por la época de Andrés Petit, en los barrios de intramuros de La Habana, había en pleno funcionamiento más de cuarenta Potencias abakuá.

En sus principios no se aceptaban miembros que no fuesen originarios de las zonas de África donde primaban los carabalíes. Mucho más tarde, comenzaron por aceptarse a los hijos de éstos. Pero los primeros ñáñigos no querían la participación de los criollos, porque tenían la concepción que aquellos, lo deformaban todo y los africanos de origen no deseaban que sus tradiciones, por largo tiempo guardadas, se desvirtuasen y transformasen. De esta manera, pasaron más de 20 años antes que pudiesen jurarse negros criollos. Mucho después, se permitió el acceso de los pardos. Pero no sería hasta la fundación de la Orden creada por Petit, Regla del Santo Cristo del Buen Viaje, que tuviesen cabida los blancos. Aunque nadie piense que fue logrado de un solo golpe y sin sacrificios. Ñáñigos ortodoxos y tradicionalistas se pusieron en su contra, algunos le declararon en traición y no pocos quisieron expulsarle y hasta eliminarlo físicamente por tamaña osadía. Pero desde aquel entonces, hasta nuestros días, decir ñáñigo es decir hombre valeroso, que no conoce el miedo y desprecia el peligro. Así logó su propósito Andrés Petit, con indomable tesón, inteligencia y valentía.

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