AJO

 ajo

Corresponde a: Obatalá
No se emplea para sazonar la comida de los Santos lucumís. Contra el mal de ojo se lleva en la cabeza entre el pelo y atravesado por un gancho. Es el sustento de las gangas y prendas fuertes porque les da fuerza. Pero hay prendas que el ajo las mata por ser débiles y no resistir su presencia. El ajo domestica a los majas “guardieros de gangas”. Un resguardo muy recomendable es el siguiente: en una bolsita de tela blanca se guarda una cabeza de ajo con hierba buena y perejil. Antes de usarse, es menester llevarlo a siete iglesias y humedecerlo en las pilas de agua bendita de dichos templos, y en este momento se dira: “Líbrame de mi enemigo, de cuantos me quieran mal, dame salud y suerte”. El ajo lo cura todo, molido y aplicado en fricciones es buen antídoto contra las picadas de los alacranes, arañas y avispas, etc. Cura el mal de madre, el padrejón y el empacho. El zumo ablanda los callos por muy rebeldes que sean. Para expulsar parásitos intestinales y bajar la fiebre. Facilita la expectoración al mejorar los resfriados y catarros, combate las malas digestiones y ayuda a expulsar los gases. Se utiliza además, para trazar insomnios y regular la presión arterial. Alivia los dolores reumáticos, la gota, úlceras, quemaduras y otras afecciones de la piel.

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