LA PALMA REAL EN LAS RELIGIONES POPULARES AFROCUBANAS

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Foto. Jesus Torre

by. JULIO I. MARTÍNEZ BETANCOURT
MARCO ANTONIO VASQUEZ DAVILA

Los congos
Los congos, procedentes de la familia lingüística
bantú, originaron la religión conocida como Regla
de Mayombe o Palo Monte. En esta religión se rinde
culto a la nganga, recipiente que contiene
sustancias minerales, vegetales y animales que
simbolizan las fuerzas de la naturaleza
concentradas en un objeto. La nganga es
acompañada de trozos de árboles o “palos del
monte”, de ahí que se les llame popularmente
paleros.

A la palma real la conocen como Diba, Lala,
Mábba o Dunkende. Cuando a una palma le ha
caído un rayo, los paleros o mayomberos van a ella
en busca de la “piedra de rayo” o matari para montar
las ngangas. Se piensa que el rayo fue mandado por
la mano del dios Nsasi, también conocido por el
significativo nombre de Siete Rayos. Por ello,
explican que “junto a la palma se hacen ceremonias
de iniciación, se salvan enfermos y se le rinde tributo
a Nsasi, dueño de la palma…”.

El enunciado anterior es tan importante que
amerita ser analizado por partes. En primer término
se dice que junto a la palma se hacen ceremonias
de iniciación. La presencia de la palma real en un
ritual de iniciación remite a la idea de la existencia
de lazos místicos entre esta planta y los hombres
(más adelante se verán otros casos donde se
manifiesta la existencia de estos lazos místicos para
las otras religiones populares cubanas).

A continuación se informa de la capacidad
sobrenatural que posee la palma para curar a los
enfermos, atributo perteneciente a ciertas
divinidades. Y en tercer lugar, el hecho de que se le
rinda tributo a Nsasi al pie de la planta nos permite
conocer una más de las funciones de la palma real:
en este caso, como altar, constituye un
“microcosmos efectivo” (Eliade, 1972: 246-248), la
imagen del universo reflejada en ella.

Dada la sacralidad de la palma real, toda la
planta o partes de ella sirven para confeccionar
instrumentos poseedores de una fuerza
sobrenatural, como “la escobilla que hacemos del
racimo seco de la palma es sagrada, se utiliza en
obras, por ejemplo, para despojos o limpieza de las
casas. Se le amarran tiras de 7 colores y se barre la
casa de atrás hacia adelante, con hierbas, hielo y
leche para sacar el mal”.

b) Los yoruba
Se hace énfasis en la religión yoruba dada la
riqueza de la literatura oral originada por esta corriente
de pensamiento. En Cuba, la religión lucumí
o yoruba es conocida popularmente por Regla de
Ocha o Santería, por el culto a los orishas que
fueron sincretizados con santos católicos.

Para los practicantes de esta religión la palma real
también es un árbol sagrado: la conocen por llé
Changó Orissá, Alabi e Iggi Opwé. Es la palma real
el ilé, la casa del oricha Changó, dueño del fuego,
del trueno, la guerra y los tambores, sincretizado
con Santa Bárbara de Bitinia. Su material es la
piedra de rayo, los colores atribuidos el rojo púrpura
y el blanco unidos, su número el cuatro o múltiplos;
se le ofrenda el miércoles y los días cuatro de cada
mes, especialmente en diciembre; los animales que
se le tributan son el carnero y el gallo rojo y las
plantas que se le atribuyen son la yerba buena, el
aguacate blanco, el corojo, la palma real y la
siguaraya (Cfr. Guanche, 1983: 369-370; Cabrera,
1989; Cruz 1990).
Según los practicantes de la Regla de Ocha, “a
la palma le caen rayos porque es el ilé de Changó” y
desde la punta de la palma real, que es su mirador,
Changó vigila y protege a sus omó (hijos); así
mismo, el oché o cetro de Chango es de palma, en
forma de doble hacha y utilizado en sus bailes.
En la palma real se le rinde tributo u honores a
Changó y a otros orichas como Aggayú (padre de
Changó), Oyá (una de las mujeres de Changó) y a
los Ibeyi (los mellizos, hijos de Changó y Yemayá).

Para la conciencia religiosa yoruba, es claro que la
palma real no es el cuerpo de las deidades
mencionadas, sino la morada de estas entidades,
que pueden entrar y salir a su acomodo. En este
caso, para los yoruba, la palma real, además de ser
un “lugar sagrado” -imagen del microcosmos- es
concebida como “habitación de la divinidad” (Cfr.
Elia-de, 1972: 248). Dado que la palma real es
sagrada, “se le sacrifican gallos rojos y se le ofrecen
frutas como plátano, en racimos o la mano, con una
cinta roja”.
También forma parte del traje ritual de Changó y
de los guerreros: Elegguá, Ochosi y Oggún. El
mariwó es una especie de saya o faldilla de flecos
secos confeccionada con las hojas tiernas de la
yema terminal de la palma real que se coloca en la
cintura del iniciado (iyawó) sobre el propio traje. Las
hojas de la palma real también se colocan a la
entrada del igbodú o cuarto de consagraciones,
junto a una sábana blanca en el dintel de la puerta y
en los altares, acompañados de yaguas y otras
plantas, según corresponda al oricha, con el objeto
de simular un monte natural.

Al oricha Babalú Ayé, sincretizado con San
Lázaro y a Naná Burukú, madre del mismo, se les
confecciona el llamado já, especie de escobilla
hecha con el raquis secundario o nervio central de
los segmentos de la palma real, “en la empuñadura
va la carga y se decoran con cintas y cuentas,
utilizándola para hacer ebbó o limpiezas y librar así
a sus hijos de epidemias o enfermedades”.
Para algunos babalochas (santeros) la palma
real es el bastón de Aggayú (San Cristóbal), padre de Changó, es decir que la palma real es el sostén del padre y a la vez la habitación del hijo.

Este pensamiento religioso lleva a la diferenciación
de la palma real en palma hembra y palma macho.
De la hembra nace Changó y en el macho éste se
refugia, transfiriéndole su virilidad. El mismo
pensamiento mítico se refleja en el plano de la
taxonomía santera respecto de la palma, al definir
que en la realidad existen palmas hembras y palmas
machos. La palma hembra es la de porte bajo,
ensanchada, jorobada y gran productora de frutos;
la palma macho es de tronco recto, alta, poco
productora de frutos y con persistencia de la
estructura que los sostiene, la cual se toma para
fabricar una escobilla sagrada.

Numerosos fatakkí o leyendas justifican la
creencia y fe popular de la mítica lucumí. La oralidad
se manifiesta en uno de estos relatos que cuenta
cómo Changó fue sorprendido en una ocasión por
Oyá su amante en ese momento, cuando se
comunicaba desde lo alto de la palma real con otras
mujeres a través de señas. Oyá intentó trepar la
palma y Changó al verse sorprendido, a sabiendas
de que la diosa le temía a las lagartijas, cubrió el
trono del árbol con numerosas de ellas. Por matar
las lagartijas y en venganza, la santa quema la
palma con una centella de la cual es anfitriona.
Desde ese entonces se dice que “cuando truena es
porque Changó anda por el cielo en asuntos de
mujeres”. Otras leyendas sobre Changó y la palma
pueden consultarse en Cabrera (1989:276-341).

c) Los carabalí
Para los carabalí muy conocidos por la
formación de las asociaciones abakuá o de
ñañigos, la palma real recibe el nombre de Ukano
Mambre y es de extraordinaria importancia ya que
bajo una palma real se organizó por vez primera
esta secta religiosa exclusiva para hombres.
La palma real fue testigo del descubrimiento del
secreto abakuá por parte de la princesa Sikán,
secreto que luego confió a otras tribus, de ahí que
las mujeres no sean aceptadas en dicha sociedad y
Sikán haya sido sentenciada junto a una ceiba y
sepultada bajo una palma real, único testigo de lo
sucedido. La historia sagrada refiere que “en una
ocasión, la princesa Sikán, que todos los días iba al
río en busca de agua, dejó caer la tinaja junto a la
palma al oír un rugido dentro de ésta. De la tinaja
salió entonces Tanzé, el pez sobrenatural,
encarnación de Abasí (el Dios de los abakuá) y en
lugar de callar el secreto, se lo comunicó a otras
tribus” (Perico, abakuá, comunicación personal,
febrero de 1991; Cfr. Cabrera, 1989).

Para la experiencia religiosa afrocubana en
general, la palma real representa un poder o
condición divina, al tiempo que encarna el arquetipo
de la vegetación. Se trata de un árbol cargado de
fuerzas sagradas, escogido por la conciencia religiosa cubana por sus características morfológicas:

a) El tronco es vertical, muy alto, recto, ancho,
gris, de apariencia pétrea, metáfora del principio
masculino o engendrador, por lo tanto “lugar
sagrado”.

b) La corona de hojas (o penacho) es grande, casi
circular, frondosa y siempre verde, simboliza lo
eterno, lo perenne. Es por lo tanto, un hábitat
deseable para las divinidades como Changó, Oyá e
incluso Aggayú.

c) Dada su verticalidad y altura, funciona como un
pararrayos natural. Esta característica le confiere la
posesión de “la piedra del rayo”, amuleto buscado
por la mayoría de las religiones del mundo, entre
ellas las populares cubanas.
Con esto llegamos a las intuiciones primeras de la
sacralidad de la palma real para las religiones
analizadas.

3. La palma real en la religión católica
popular
Con la llegada de la cultura europea a Cuba, la
religión católica se implantó, otorgándole los
practicantes modalidades propias. En toda
Hispanoamérica se celebra la Semana Santa que se
inicia con el llamado Domingo de Ramos. En México
se utilizan palmas del género Sabal, mientras que en
Cuba el ramo o guano bendito se obtiene de la yema
terminal de la palma real. El origen y simbolismo de
esta práctica religiosa se explica a continuación. “Un
domingo anterior a la Pascua, Jesús entra en
Jerusalén procedente de Palestina, es recibido por
el pueblo con ramos de hojas de diferentes plantas
en las manos” (sacerdote Palcari, comunicación
personal, enero 1991). La obtención de estos ramos
en Cuba es detallada en palabras del mismo
religioso: “Unos días antes de la Semana Santa se le
encarga a los desmochadores los cogollos, es
decir, la hoja tierna antes de abrir; en la ceremonia
del Domingo de Ramos, primer día de la Semana
Santa, se bendicen con oraciones y se rocían con
agua bendita, se les entrega a las personas y se
hace una procesión enarbolando los ramos,
recordando así la fecha”. Posteriormente, las
personas llevan los ramos a casa como reliquia. En
esta ocasión, la palma real también se utiliza para
adornar el templo católico y los altares.

En un primer acercamiento, se observa el
carácter de la palma real como un símbolo católico
de regocijo por la llegada de la divinidad; pero estos
mismos ramos poseen otros significados para los
fieles; uno de ellos es el de la penitencia o
arrepentimiento de los pecados, ya que durante
todo el año se conservan algunos ramos en la propia
iglesia para ser quemados un día antes del
“miércoles de ceniza para imponerlo a los fieles
como símbolo de penitencia durante la Cuaresma,
haciendo una cruz en la frente” (Frank Rubio,
catequista, comunicación personal, enero de 1991).
A estos dos significados se añaden otros más
populares, por ejemplo, el de servir de protección o
para la buena suerte y recuperación de la salud. Una
católica informa que: “con el guano bendito que
traemos todos los años de la iglesia hacemos
farolitos o cruces que colocamos detrás de la puerta
principal de nuestras casas”. La acción anterior
encuentra su lógica con la siguiente aseveración: “al
colocar el guano bendito en nuestras casas nos
sentimos protegidos por el Señor”; y otro
comentario relacionado con este punto es: “Cuando
se va a santiguar a un niño, a una embarazada o a
un enfermo, se debe utilizar un crucifijo o una cruz
que se hace con el guano bendito”.
Todas estas manifestaciones de religión popular
parecen proceder del catolicismo tradicional
aportado por los españoles, pues estas ideas se
encuentran también en el resto del continente y en
España, en donde, según Foster (1985: 308) el
Domingo de Ramos se anuncia en los pueblos y en
las ciudades mediante la llegada de grandes
cargamentos de hojas de palma real (no se refiere a
la especie conocida con el mismo nombre en Cuba)
que proceden de los palmares de Elche, Crevillente,
Orihuela y otros edenes subtropicales situados en
Alicante. Por la noche se erigen puestos donde se
vende palma, frente a las iglesias y las catedrales, y
cada creyente se provee de su ramo antes de asistir
a la misa. Buen número de palmas se tejen en
formas ingeniosas y compl i cadas (en
Hispanoamérica se tejen de manera semejante).
Las hojas de palma son relativamente recientes en
aquellas partes de España donde no crecen,
datando en primer lugar de la introducción del
transporte por ferrocarril y carreteras. Los ramos
tradicionales fueron antes de laurel y de romero en
el norte, y todavía hoy lo son en las aldeas pequeñas
y pobres, y las ramas de oliva fueron, en el sur, las
más comunes, y lo siguen siendo.
Un punto de sumo interés es la confluencia
de la relación mágico-religiosa de la palma con el
rayo. En el apartado anterior se abundó sobre la
mitología africana al respecto, pero en el presente
caso se une a esa tradición la práctica católica
bastante extendida en Cuba de “quemar guano
bendito si hay tormenta y se le pide a Dios para
evitar las desgracias”. El segundo autor de este
trabajo ha observado esta práctica en Oaxaca,
México y conoce por comunicación personal que
también se realiza en Veracruz (Gloria Jiménez,
com. personal, noviembre de 1990). Este mismo
significado poseen las palmas en España: “una
vez benditas, se tornan amuletos que se conservan
durante todo el año en el hogar, los que se
queman, un pedacito cada vez, cuando amenazan
las tempestades y el dueño de la casa teme que
un rayo caiga en su vivienda. A menudo se les
prende en un balcón y hasta los más modernos
edificios de apartamentos de Madrid exhiben invariablemente, de tal manera, esta prueba de fe
en el poder protector de la palma bendita. En
general, en Hispanoamérica se cree que la palma
bendita da protección contra las tempestades
(Foster, 1985:308). No es raro pensar en una
tercera raíz de esta creencia popular: la raíz
indígena que aunque cortada de tajo, pervive en
algunos aspectos tradicionales cubanos. Esta
suposición se basa en el hecho de que para los
pueblos indígenas de América también existe una
relación entre el rayo y la palma. Concretamente,
entre los chontales de Tabasco (México) existe un
mito que menciona el poder protector de la yagua
de la palma real contra el dios del rayo Chawak
(ICT, 1988).

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